Si tuviera que escoger una entre todas las frases dichas acerca de la iniciativa del nuevo Estatuto de Catalunya, sin duda escogería la que le dijo el Rey al presidente del parlamento catalán, Ernest Benach, hace algún tiempo: “Hablando se entiende la gente.”
La frase me recuerda una conversación entre dos de mis compañeros de trabajo para mostrar cómo se interpretan en la calle las palabras del Rey. B., chica catalana, y V., chico bosnio-croata, hablaron un día sobre el catalán del siguiente modo:
- Por los años que llevas aquí, tú ya deberías haber aprendido A hablar el catalán –le dijo B. a V.
- ¡Qué dices! Pero si yo lo hablo – contestó V.
- Anda que sí.
- Que sí, tía –insistía el bosnio–. El otro día en el tren una mujer que estaba a mi lado me preguntó si el tren paraba en el Prat. ¡En catalán! –le explicó enfatizando la última frase.
- Vaya –dijo B-. ¿Y tú, que le dijiste?
- Que sí.
- ¡Dijiste “sí” en catalán! –acabó B. partiéndose de risa.
Un factor importante a la hora de determinar la riqueza personal de un individuo es el número de idiomas que habla.
Catalunya es un país rico.
Hay días que sí y días que no. Y, hay que vivirlos como son, porque son como somos. La noche pasada en una fiesta hablaba con un amigo de tipo de personas que somos y le dije que eligiera una palabra con la que mejor se identificaría. Mi amigo me dijo “Yo me considero una persona seria” ¿¡Serio!¿ - repetí pensando en la construcción de la palabra. “Se - rió. ¡Es el pasado! O sea, serio es aquel que en el pasado se rió, y ya no se rie”. Después de un par de cubatas de ron toque venezolano, mi amigo olvidó que era alguien serio. Y repetía bailando, “¡tío, hay que vivir la vida!” con una amplísima sonrisa. “Sí tío, eso es. Ron&roll”, le decía buscando con la mirada los cubatas de Juan.
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