Diario de un emigrante balcánico en la Península Ibérica

miércoles, diciembre 23, 2009

2010

viernes, diciembre 11, 2009

Pobre mujé

Hace, más o menos, un mes hice el último trámite para obtener el permiso de residencia Permiso de resistencia permanente. Tras esperar desde las cinco y medio de la mañana para entrar a las diez y presentar todo el papeleo, la funcionaria me entregó un resguardo informándome de que dentro de aproximadamente un mes podría pasar por el edificio de Balmes 192 para recoger mi NIE.
- Está en el edificio de atrás - dijo la señora.
- ¿Y tendré que hacer cola toda la mañana otra vez? - pregunté.
- No, allí no habrá tanta cola - contesto la amable consumidora de mis impuestos.
Lleno de optimismo y alegría por haber finalmente terminado (por un tiempo) con la "Extranjería" está mañana me fui a buscarlo.
Llegué sobre las nueve y pensé "¡Ostia que bien!" dentro había como mucho unas 15 personas, "En una sala con sillas cómodas y calefacción. Ya había saltado de nivel. Esto ha de ser como se siente ser un español".
Hasta allí.
Al entrar se me acercó un señor uniformado para informarse sobre el motivo de mi visita.
- Vengo a buscar mi DNI
- Hmm, sí. Pero es un NIE. Usted tiene que ir al edificio que está al otro lado.
- ¿Seguro? Es que en el resguardo pone esta dirección y además la señora que me lo dio me dijo que tengo que venir aquí.
- Ya, ya. Sí, pero tiene que ir usted allí donde le dije.
"Bueno, no pasa nada", pensé "Será llegar allí, dejar el resguardo y coger el documento"
¡Mierda! ¡No puede ser!
Había una cola inmensa igual a la de cuando tenía que entregar toda la documentación. Daba la vuelta a la esquina. "No, no puede ser, seguro que habrá otra cola para la gente que solamente ha de recoger el NIE", intenté animárme a mi mismo.
- Hola, buenos días. Vengo a recoger el NIE. - dije al señor uniformado que estaba en el principio de la cola.
- Póngase al final.
- No, es que usted no lo entiende. Solamente vengo a recogerlo, yo ya había hecho esta cola hace un mes y ahora solamente tengo que,...
- Al final de la cola - repetía la voz que salía desde el uniforme.
- Mire, estas personas están esperando para presentar la documentación. Yo ya lo había hecho,...
- ¡Cuantas veces se lo tengo que decir! ¡Póngase al final de la cola!
Me puse al final de la cola con la cara de muy mala leche, recordándome de la enorme cantidad de horas que en estos últimos siete años había regalado a la bur®ocracia española. Llamé al trabajo para decir que "esto iba pa' largo" y me apoyé contra la pared.
Entonces ví al señor uniformado subiendo hacía el final de la cola informando a la gente de que los que tenían que presentar la documentación han de pasar a otra cola. Allí me di cuenta de la fortuna lingüística que reside en este tipo de colas. Una enorme salva de insultos en todo tipo de lenguas y dialectos mundiales se mezclo con el aire frío español. De las que pude entender fue que "Estos hijos de puta, nos tratan como animales".
La cola se redujo a la mitad y pensé que ahora irá todo más rápido.
Pues no. Se movía muy lentamente.
Tras dos horas llegó mi turno y allí me di cuenta de por qué iba todo tan lento. Había solamente UNA MUJER atendiendo toda esta gente.
En el edificio al lado había más funcionarios que personas esperando.
El otro día leí en El País que "el 17,3% del total de residentes de la capital catalana son extranjeros".
¡Y todos ellos han de pasar por esta pobre mujer!
¡Vivo España! resfriado y con el dolor de pies.

miércoles, diciembre 09, 2009

El hilo dorado

Si la felicidad cotizara en Bolsa, no habría existido la depresión. O por lo menos los gobernantes dedicarían más esfuerzo y recursos en reducirla para que no perturbara los mercados.
Mientras tanto, una gran parte de nuestros "dirigentes" entiende el gobierno y la dirección como una oportunidad para "demostrar" a sus "subordinados" que “la vida es dura”, que para conseguir algo "hay que sufrir", y se empeñan más en hacerles sufrir, que en permitirles que pudieran llamar "Vida" su vida profesional.
La vida es un infinito abanico de oportunidades que una mente abierta puede reconocer con facilidad. Los únicos requisitos son que esté abierta y sepa administrarlas. Pero no hay que desanimarse pensando que las oportunidades no son las mismas para todos, porque tampoco lo son los intereses, sueños, ambiciones, ideales o valores. Ahí está la gracia.
La Divinidad está en la Diversidad. La Diversidad está en la Creatividad. Y el hilo dorado que las atraviesa es la Felicidad.
En estos tiempos donde la felicidad va asociada a productos:
¡Sé feliz!
¡Gratis!

domingo, diciembre 06, 2009

¡Muevete!

Antes de que inventaran el Ministerio de (contra) Piratería, quisiera decir:

(El) Ritmo tiene

La Tierra

¡Muévete!

(¡Gratis!)

miércoles, noviembre 11, 2009

Entre los pedazos de la sombra

Cuando se cayó el muro de Berlín yo estaba demasiado preocupado con las explosiones hormonales que mi recién llegada pubertad me provocaba. Y para nada me importaba ese pedazo de muro, miles de kilómetros lejos de mí. En aquellas fechas el único muro que me preocupaba era el que me separaba del corazón de Tanja, la chica de la que estaba locamente enamorado. Los fallidos intentos de conquistarla no me dejaron otra alternativa que practicar los primeros besos con las chicas menos amuralladas. Y mientras los alemanes de un lado y otro se abrazaban entre los escombros del muro caído, yo descubría que sí que había juegos que se podían jugar con las chicas.
Vivíamos en la sombra del muro. Su caída trajo una nueva luz de nuevos tiempos. Pero había demasiada oscuridad. La luz era demasiado intensa y cegó los espíritus adormecidos por las décadas de mentiras. Nuestros viejos bajaron la vista y se dejaron llevar en filas por los mismos asesinos que les contaban los cuentos utópicos. Tenían las chaquetas diferentes pero las mismas ganas de matar. Finalmente, en vez de seguir la luz de los tiempos nuevos, ciegos se dejaron llevar por la niebla nacionalista medieval y con sus cuchillos sangrientes escribieron otro capitulo de nuestra historia misantrope.
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Nota: Esto lo escribí hace unos dos años después de mi primera visita a Berlin