Ir al contenido principal

Tito somos todos

Este era uno de los lemas más populares durante mi infancia en un país que ha dejado de existir desde hace más de una década. Para aquellos a quienes no les suene el nombre, Tito fue el presidente y el creador de la Yugoslavia socialista. Esta frase era solo una de las muchas que se podían encontrar expuestas en sitios públicos para reforzar el sentimiento de pertenencia a una identidad nacional creada artificialmente para unir a una serie de pueblos “juntados” a pesar de que su historia estaba plagada de violencia y enfrentamientos mutuos. Tito era la pieza clave de esta nueva identidad y alrededor de su figura se creó todo un mito hasta el punto de que ya nadie sabía qué era verdad y qué el cuento “autorizado”.

Lo que diferenciaba al Mariscal de los demás dictadores era su gran poder seductor, incluso hipnótico Gracias a él podía vender la moto del bienestar social y la igualdad de clases al tiempo que disfrutaba de sus coches, casas y los yates de lujo en los que se rodeaba de estrellas de Hollywood y poetas soviéticos. Sus grandes dotes de diplomático lograron que Yugoslavia flotara tranquilamente entre dos bloques militares en plena guerra fría a la vez que obtenía créditos bancarios de ambos para que no cambiara de rumbo.

Aunque artificial, la identidad yugoslava, que se estrechaba desde los campos de tabaco macedonio hasta los picos alpinos de Eslovenia, tenía sus fieles. Todos aquellos que, como yo, jamás imaginaron que pudiera existir algo más que ser yugoslavo. Hasta que el “gran mago” abandonó el escenario y la hipnosis dejó de hacer su efecto. Cuando me “desperté”, aún era un niño, pero con más dudas de las habituales en un niño de mi edad. Estaba a punto de configurar las bases de mi identidad personal cuando, de repente, perdí la identidad nacional.

Han pasado muchos años y sigo sin tener clara mi pertenencia a alguna nación. Preguntarme si amo más a Croacia o a Serbia sería lo mismo que preguntarme si amo más a mi madre o a mi padre. Pensaba que todo estaba perdido hasta que este verano vi a un montón de eslovenos en el festival de trompetas de Serbia vestidos con camisetas con el retrato de Tito. De nuestro querido “tito”.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¿Eslovenos yugonostálgicos? Curioso, curioso.
Asturcon ha dicho que…
Boris... Y dime, tu crees que hoy se es mas libre en las antiguas republicas Yugoeslavas que antes??? Crees que se ha ganado algo o por el contrario crees que se ha perdido mucho y ganado poco.

Yo no creo que ancianos llorando entre las ruinas de sus casas, niños llorando a sus padres muertos y madres llorando a sus hijos, que centenares de miles de desplazados y exiliados sea un precio justo a pagar para que un grupo de vividores desgraciados puedan poner el nombre de "libre" a un territorio y asi poder tener el titulo de presidente y enriquecerse a costa del pueblo.

Todo es basura politica y lucha de poder. Realmente seremos libres el dia que mandemos a todos esos "libera patrias" a donde me guardo para no resultar soez.

Un saludo.
Boris Matijas ha dicho que…
Creo que la siguiente cita de Herman Hesse lo dirá todo
"No hay para mi patria ni ideales, todo eso no es más que escenario para los señores que praparan la proxima carniceria" - El lobo estepario.
un abrazo

Entradas populares de este blog

Ron&roll

Hay días que sí y días que no. Y, hay que vivirlos como son, porque son como somos. La noche pasada en una fiesta hablaba con un amigo de tipo de personas que somos y le dije que eligiera una palabra con la que mejor se identificaría. Mi amigo me dijo “Yo me considero una persona seria” ¿¡Serio!¿ - repetí pensando en la construcción de la palabra. “Se - rió. ¡Es el pasado! O sea, serio es aquel que en el pasado se rió, y ya no se rie”. Después de un par de cubatas de ron toque venezolano, mi amigo olvidó que era alguien serio. Y repetía bailando, “¡tío, hay que vivir la vida!” con una amplísima sonrisa. “Sí tío, eso es. Ron&roll”, le decía buscando con la mirada los cubatas de Juan.

Adiós a Los Papeles de Boris

Me hizo mucha ilusión recibir la foto que acompaña este post. Me la enviaron de la Plataforma Editorial y muestra Cuenta siempre contigo , mi libro, destacado en la librería de la estación de Sants en Barcelona. Es allí donde bajé del tren a finales de abril de 2002 y donde empezó la bonita aventura que fueron los años vividos en España. Fue en Barcelona donde empecé a poner en orden mis recuerdos y buscar sentido a lo sucedido. En fin, es donde me convertí en el editor de mi propia vida. Donde empecé a contar conmigo.  El nombre de la estación. “Sants” me daba buenas vibraciones. ¿Qué mejor que los santos para saludar y darle la bienvenida a un viajero cansado que se había cruzado media Europa? Aquella noche, al llegar a Sants, tenía una maleta, algo menos de mil euros y un Sí, el poema de Rudyard Kipling escrito en un papel. Me lo había dejado anotado Tanja, mi Preciosa Bruja de Dorćol. Con este himno estoico empezó mis odiseas ibéricas. Me lo dejó escrito en u...

De vacaciones

Me voy a mi(s) tierra(s) durante unas dos semanas y muy probablemente no voy a escribir demasiado durante este tiempo. Mientras tanto espero que si no hay cambios positivos por lo menos se mantenga el “Estatut Quo” y que siga el diálogo hasta que se llegue a una solución democrática. También espero que las “aMenazas” sigan encerradas en sus casas jugando al Risk, con soldaditos de plomo o cualquier otro juego que satisfaga sus ganas de pelear. Últimamente noto que los quioscos están llenos de recuerdos de la Guerra Civil. De postales, libros, fotos, sellos, testimonios, verdades y mentiras sobre quién tuvo la culpa. Pero hay que tener una cosa en cuenta; la inmensa mayoría de los españoles de hoy no había nacido en las fechas en las que todo esto sucedió, por lo que a ningún “culpable” le queda demasiado tiempo por vivir. Y recordad también que los que más ruido hacen con este tema son siempre los que más beneficios personales pretenden obtener con él. Hasta la vuelta, os recomiendo: ...