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El flautista de Gràcia

Volvía del trabajo a esa hora en que el paseo de Gràcia ya descansa del pisoteo al que lo someten las hordas de pasajeros durante el día admirando su aire modernista cuando tiré una moneda en el sombrero de un señor que tocaba la flauta sentado delante de una de esas tiendas pijas. En cuanto cayó la moneda el músico dejó de tocar y me preguntó:

- ¿Español, inglés o francés?”
- Serbocroata -le contesté y él me pasó un librito en castellano encogiendo los hombros como diciendo “bueno, es lo mejor que tengo por ahora”.

Desde este encuentro veo a Joan casi cada noche y ya tengo una pequeña colección de sus obras. A menudo me siento a su lado para despejarme un poco después de un día largo.

- ¿Eres eslavo? –me preguntó el otro día.
- Sí –le contesté.
- No sé mucho de los eslavos. Estuve hace muchos años viajando por los Balcanes. En Bulgaria me robaron y en Belgrado ni siquiera salí de la estación. No sé por qué, pero tenía miedo de las caras que veía en aquel lugar. Sois como rusos, ¿no?
- Sí, más o menos. Tenemos las mismas raíces y un carácter similar. Yo lo llamo “despiste estructural” por la manera de entender la jerarquía de las cosas. Tenemos mucho talento para desaprovechar el talento, para dar relevancia a lo irracional y poder al absurdo.
- ¿Cómo, cómo? – se extrañó Joan.
- Entre todos los eslavos aún se puede reconocer la incapacidad para establecer un orden lógico de las cosas y en vez de pensar en soluciones nos enrollamos siempre con las causas. Hace algún tiempo oí a un comentarista hablando sobre el papa Juan Pablo II que decía que una de las claves de su liderazgo fue la facultad que tuvo para equilibrar el pensamiento orbital, tan típico en los eslavos, con el orden y disciplina romanos. Hay un punto de tristeza infinita en la cultura eslava que deja al margen lo real. Y hay demasiados malos ejemplos de que ese pensamiento se ha colado en la moral general aprovechándose de creencias supersticiosas .
- ¿Y Dostoyevski, Tolstoy y los demás genios?
- Grandes filósofos, pero ¿tú has oído hablar de alguna escuela de filosofía rusa?
- La verdad es que nunca pensé de tal manera. Gracias, hombre. –dijo y me tendió la mano–. Ahora te tengo que echar. La gente sale del cine. –añadió y se puso a tocar su flauta para ganarse su pan de cada día.

Cuando llegué a casa abrí el librito que me dio aquella noche y leí una frase:
“La anterioridad y la posterioridad son consecuencia la una de la otra. De ahí viene que el ser humano grande se ocupa avisando con el ejemplo y nunca con la palabra.”

El pasado está repleto de palabras que no se entendieron o se malinterpretaron creando unos círculos viciosos que aún reinan, dividiendo los Tres Mundos de la Tierra. ¿Cómo conseguir que nuestro presente común una los ejemplos de todos los seres humanos grandes, de toda la humanidad en una escuela única: la del ser humano?

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