No habrá justicia en la tierra hasta que no le dejen a todo el mundo estar donde le dé la gana, escribió Andrés Trapiello hace unos meses en su columna dominical. Y que bien lo expresó. Yo simplemente añadiría que a los que están en el lugar donde están por algún crimen reconocido por un tribunal no se les aplique esta cláusula. ¿Habrá justicia? No tengo ni idea, sinceramente tengo algunas dudas. Mientras el Estado sea más importante que un ser humano, lo dudo; mientras uno no tenga los mismos derechos que los demás, lo dudo. Mientras la geografía determine la esperanza de vida, lo dudo. Mientras que un ser humano no tenga todo los derechos para vivir realmente como un “ser humano” no habrá justicia y no habrá paz.
Hay días que sí y días que no. Y, hay que vivirlos como son, porque son como somos. La noche pasada en una fiesta hablaba con un amigo de tipo de personas que somos y le dije que eligiera una palabra con la que mejor se identificaría. Mi amigo me dijo “Yo me considero una persona seria” ¿¡Serio!¿ - repetí pensando en la construcción de la palabra. “Se - rió. ¡Es el pasado! O sea, serio es aquel que en el pasado se rió, y ya no se rie”. Después de un par de cubatas de ron toque venezolano, mi amigo olvidó que era alguien serio. Y repetía bailando, “¡tío, hay que vivir la vida!” con una amplísima sonrisa. “Sí tío, eso es. Ron&roll”, le decía buscando con la mirada los cubatas de Juan.
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