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Un homenaje

Spencer Tunick no tenía ni idea de dónde se metía. La frase suena como el principio de una novela policíaca, pero no tiene nada que ver con eso. Este fotógrafo, muy famoso él, vino en el verano del 2003 a hacer tres fotos de desnudos en Barcelona, porque es una ciudad muy ultraguay y estaba muy de moda por su movilización contra la guerra.

Tunick ya se había dado a conocer por sus fotos de actos desnudos en las calles de muchas metrópolis mundiales. Decidí participar porque, además de ser un guarro enamorado de la belleza del cuerpo humano, esencialmente femenino), me atrajo la idea de ver a cinco mil españoles desnudos a las cuatro de la madrugada en un proyecto que se planteaba muy en serio.

El e-mail que se envió a los participantes tenía el tono de las cartas informativas de los comandos nazis cuando se preparaban para una ejecución. Desde el principio nos metieron en una sala de la Fira de Barcelona y nos hicieron esperar una hora y media hasta que salió un tío hablando argentino con acento yanqui de Miami.

Eso me recuerda algo que me contó Leslie, mi compañera de trabajo, una dominicana que vivió allí y me dijo: “¿Que si se habla español en Florida? Mira, allí hay algunas tiendas en las que pone “se habla inglés”.

Por cierto, que me encontré a Leslie en el show de Tunick. Ella y su marido estaban entre los cinco mil cuerpos desnudos. Ante mi sorpresa, me presentó a su esposo ¡por tercera vez!

- “Sí, ya sé que os conocéis, pero nunca os presenté en pelotas”, replicó Leslie.

Tenía toda la razón, porque una vez nos quitamos la ropa, de aquellos cinco mil cuerpos desnudos nacieron cinco mil personas nuevas. La verdad es que el grupo vestido no tenía nada que ver con el mismo grupo desnudo.Habría que hacer algo así más a menudo. En lugar de rendir tributo a la bandera se debería homenajear al cuerpo desnudo.

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