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El Principito ante la crisis

Hace unos días en Londres, el príncipe Carlos de Inglaterra, ofreció su visión de la crisis económica echando la culpa a René Descartes, el padre de las teorías modernistas.
¿Por qué un hombre, (cuyo caso se usa en la teoría de la empresa familiar como el “síndrome de Príncipe Carlos” para definir la sucesión prolongada (leer; frustrada)), desentierra a un filósofo, cuyos huesos fueron robados y trasladados en secreto desde Estocolmo, donde fue sepultado en 1650, hasta París, dieciséis años después?
Las ideas del “filósofo de la duda que situó al hombre “en el centro de un universo y una naturaleza que pueden ser englobados en un orden matemático” ( Expansión), parecen muy actuales en los tiempos donde:
“Islamic terrorists spurn the modern world and pine for a culture based on unquestioning faith; where scientists write bestsellers that passionately make the case for atheism; where others struggle to find a balance between faith and reason”, según explica Rusell Shorto, el autor del libro Descartes’ Bones, que pronto será publicado en castellano por Duomo ediciones .
Explicando los motivos de la crisis, Carlos de Inglaterra dijo: “Al creer que podemos manipular todo, nos hemos abstraído de los principios de una economía sólida“. Lo que no explicó es a qué “economía sólida” deberíamos volver. ¿Al modelo colonial, basado en invadir países, quedarse con sus recursos y al largarse sembrar la semilla de odio nacional, racional o religioso, para mejor controlarlo posteriormente? o ¿el modelo feudal, no muy ajeno a la tradición familiar?
El príncipe, cree que el movimiento modernista, inspirado en el concepto del hombre como máquina de Descartes, es el responsable de los desequilibrios del mundo actual.
Las ideas del hombre celebre por su frase “Pienso, luego existo”, inspiraron a pintores, escritores, filósofos e incluso al economista John Maynard Keynes quien hace un siglo escribió: “Si yo te debo una libra yo tengo un problema. Pero si te debo un millón de libras el problema lo tienes tu”.
Que frase tan acertada. ¡Y vaya problemón que tenemos!
Una parte del problema es la herencia de parásitos sociales que arrastramos desde hace demasiado tiempo. ¡Encima ahora acusan a Descartes por la crisis! Pero, eso no me extraña ya que en parte fue gracias a él que la ciencia comenzó a prevaler sobre la religión, y sus principales beneficiarios.
Carlos de Inglaterra también dijo que “Cada vez son más difíciles de esconder los daños colaterales de lo que llamamos progreso”. Pero hay que entender los motivos de su enfado con el progreso, ya que su progreso personal está pendiente del tiempo que la "voluntad de Dios” otorgue a la reina.
Y también hay que entender la soledad del planeta donde habita el príncipe Carlos. Debe de ser algo parecido al planeta donde se produjo este bonito dialogo entre el principito y el rey:
- Debo visitar a mi reino, - dijo el rey - pero estoy viejo, no tengo suficiente lugar para una carroza y me fatiga caminar.
-Yo ya he mirado, por allí tampoco hay habitantes - comentó el principito asomándose a fin de poder observar mejor el otro lado del planeta.
-Podrás juzgarte a ti mismo - replicó el rey - Eso es bien difícil, mucho más que juzgarse a los demás. Te diré más: si logras juzgarte bien a ti mismo, estarás frente a un verdadero sabio.
-Pero no necesito vivir en este sitio para poder juzgarme a mí mismo-dijo el principito-, eso puedo hacerlo en cualquier parte.

-Hem! Hem!-dijo el rey- Oigo por la noche una vieja rata que anda por algún lugar de este planeta. Podrías juzgarla y aún condenarla a muerte de tiempo en tiempo, de modo tal que su vida dependa de tu justicia. Deberá indultarla cada vez, a fin de conservarla ya que no hay más que una.
-A mí no me gusta condenar a muerte, y ahora sí, creo que me marcho-contestó el principito.
-No-dijo el rey.
El principito, aún habiendo terminado sus preparativos para la partida, hizo lo posible para no afligir al viejo monarca:
-Si Vuestra Majestad desea que obedezca puntualmente, podría darme una orden razonable. Por ejemplo, que parta antes de un minuto. Apuesto a que las condiciones son favorables...
Al ver que el rey no esbozó palabra alguna, pareció pensarlo y luego... suspirando comenzó a alejarse.
-Te nombro embajador-gritó apresuradamente el rey, con un tono altamente autoritario.
Mientras se marchaba, se dijo a sí mismo el principito: "Las personas grandes son bien extrañas".


Quizá le iría bien a Carlos leerlo, ya que pronto entenderá que su planeta es muy pequeño y que no hay nadie a su alrededor.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
me h gustado ese relato
sin más
emma

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