Vuelvo de una semana de retiro en un lugar precioso, donde estuve rodeado de girasoles y de gente mágica, haciendo aikido y creciendo. Igual que el año pasado nos fuimos a un curso de Aiam Aikido y, una vez más, el maestro nos ha regalado unas experiencias inolvidables. Una de ellas fue vivir con los ojos vendados 24 horas seguidas. Desayuno, pelar y rallar zanahorias, aikido, hacer fotos, comida, lavabo, taichi, trompeta, danza, ducha, cena,… hasta el despertar del día siguiente, todo sin poder ver. Me deje llevar confiando en los compañer@s y Anahit, mi ángel guía encargada de ayudarme a encontrar cosas y apartarme de los caminos peligrosos. Me dejé llevar olvidándome de la vista. Olvidándome de la vista me libré de los prejuicios, comparaciones y otras basuras que la vista deposita en mi mente. Me dejé llevar por el corazón. Aprendí a escuchar. De vuelta a Barcelona me encontré con la violencia, y la noticia: “Durante los meses de agosto, desde 2003 a 2008, 44 mujeres han sido ases...